Gran parte de la evidencia disponible sobre la nicotina y el cerebro adolescente en desarrollo proviene de estudios en animales. En estudios en humanos, es difícil aislar los efectos de la nicotina de otros factores, incluido el tabaquismo, el uso de otras sustancias y las influencias socioeconómicas.
La evidencia actual no ha establecido que la nicotina por sí sola cause daño al cerebro adolescente en desarrollo en humanos. Prevenir el consumo de nicotina entre los jóvenes sigue siendo un importante objetivo de salud pública, reconociendo al mismo tiempo que los riesgos asociados con la nicotina deben distinguirse de los asociados con fumar cigarrillos combustibles.